Mijas Pueblo. Ocho de la tarde. Anochece. En la calle apenas hay trasiego de gente. Los vecinos van retornando a casa. Rosa María cruza la calle andando a casa de su vecina. Porta una pequeña capilla de madera con una imagen en su interior de la Virgen de la Peña. “Ana Belén. Aquí la tienes ya”. Ambas mantienen viva una tradición muy querida y muy popular en Mijas: la de pasar de casa en casa una capilla itinerante o domiciliaria o limosnera, según se le llame en cada pueblo, donde se mantiene esta costumbre, y que en nuestro municipio perdura desde hace más de medio siglo.

- Es la primera vez que nuestras cámaras son testigo de este intercambio.
- M.F.
“Cuando la Virgen nos visita, es la reina de la casa. Nos bendice nuestro hogar 24 horas, nos acompaña y nos protege”, comenta Rosa María Núñez, que recuerda cuando de niña llegaba la imagen de la patrona mijeña a casa: “A mi madre le encantaba cuando venía la Virgen y el año que ella falleció fue para mí muy emotivo tenerla con nosotros”.

- Mujeres de Cáritas que hoy coordinan la capilla itinerante en Mijas Pueblo.
- M.F.
“Tener la imagen en casa es algo muy grande, muy fuerte. Estás todo el año deseando que te toque y cuando viene intentamos pasar el mayor tiempo posible junto a ella. Yo también recuerdo cuando falleció mi padre, él era muy devoto, y tener la imagen con nosotros era como sentir que él estaba más cerca”, añade Ana Belén Alarcón que, esta noche “por fin”, dice, va a tener a la Virgen “durmiendo en casa”.

- Loli va todos los días andando desde el barrio Santana hasta la ermita a visitar a su Virgen de la Peña.
- M.F.
Medio siglo de historia
En Mijas Pueblo la tradición de las capillas itinerantes se remonta a finales de los 50, según recuerdan los vecinos. Loli Gutiérrez es la única camarera de la Virgen de la Peña que queda viva de las impulsoras de esta tradición. “Tener a la Virgen en casa es lo más grande que hay”, comenta esta mijeña que, a sus 84 años, va andando cada día, incluso dos veces, a visitar y a rezarle a la Virgen de la Peña desde su casa en el barrio Santana a su ermita en el Compás.

- Loli Gutiérrez es la única camarera de la Virgen de la Peña que queda viva de las impulsoras de esta tradición.
- M.F.
“Para mí mi patrona es como si fuera mi madre, es muy milagrosa y a mí me hizo un milagro muy grande cuando me operé del corazón”. Durante muchos años Loli fue una de las encargadas de controlar que la capilla itinerara a diario, “siempre se entrega a las 8 de la tarde”, puntualiza. Un trabajo “muy grande”, desinteresado y minucioso que hoy realizan desde 2010 un grupo de mujeres pertenecientes a Cáritas.
Una labor desinteresada
Josefa Quero, Rosario Moreno, Humildad Escalona y Loli Cuevas son algunas de las ‘celadoras’ del Pueblo, como así se denominaba antaño a las encargadas de controlar la lista de vecinos y el peregrinaje de las capillas. “Como son tantas calles, organizamos el pueblo por sectores, son cinco y en cada uno hay unas responsables de organizar las entregas. Y si es una persona mayor o alguien enfermo, por ejemplo, nosotras le acompañamos a hacer la entrega o lo hacemos por ellas”, explica Moreno.
“Todo el itinerario lo tenemos registrado. Y algo más de un año tarda la imagen en dar la vuelta al pueblo. A cada vecino se le entrega la información de la casa adonde tiene que ir luego y el nombre de la persona responsable de que todo se cumpla. Así sabemos cada noche dónde duerme la Virgen, porque es una responsabilidad muy grande”, comenta Quero, quien rememora que “cuando era niña recuerdo que la noche que venía la Virgen a casa era una fiesta, se le encendían sus velitas y se le rezaba”.
“Yo, desde que tengo uso de razón recuerdo cuando la Virgen llegaba a mi casa. Un año me tocó el 8 de septiembre, el día de la Patrona y además mi cumpleaños: tuve el mejor regalo que se puede tener”, añade Cuevas. “Yo también la tuve un día 8, en 2019. Es una noche que se vive con mucha emoción”, agrega Remedios Sedeño, vecina del Barrio y que también sigue con esta tradición familiar.
En Mijas Pueblo todo el que quiera tener la capilla en casa puede solicitarla. “Tan solo una vez en todos estos años no ha dormido la imagen en una casa, fue en pandemia, y la imagen se puso en la ventana de la Casa Parroquial para quien quisiera, al menos, visitarla”, agregó Quero.

- El párroco de La Cala, Fernando Luque, entrega a Maruja la capilla de La Cala tras estar un tiempo sin itinerar.
- D.M.
La tradición en La Cala
“Dios te salve María, llena eres de gracia...”. [Silencio enternecedor]Tras rezar, Maruja coloca con mucho cuidado la capilla en la cómoda de su dormitorio, junto a los retratos de sus familiares y sus objetos más valiosos. Mira con ternura la capilla y se emociona, como le pasa siempre desde hace más de tres décadas. En el interior de la capilla hay una pequeña imagen de una Virgen, ni se sabe cuál es, aunque según la iconografía, todo apunta a que sea la Virgen de Fátima.
Pero el nombre es lo de menos, lo que importa es “la fe que le tenemos y el cariño”. Esta vecina, María González, como así es su nombre, es una de las muchas personas que periódicamente acoge en su casa esta capilla itinerante que pertenece a la parroquia de Santa Teresa. De hecho, cuando la imagen no duerme en ninguna casa, es ella quien la custodia. “Lo hago con mucho cariño, desde hace ya 33 años”.

- Cuando la imagen no duerme en ninguna casa, es Maruja quien la custodia.
- M.F.
Fe y cariño
Ahora Maruja vuelve a tener la capilla en su casa porque, tras un tiempo en la parroquia debido a unos arreglos que se le ha tenido que hacer, vuelve a itinerar. “Es una tradición muy bonita de La Cala. Es una Virgen peregrina, que va visitando las casas de los vecinos que quieren acogerla. De alguna forma es una bendición, una presencia de María en nuestras casas que a los caleños le da esa paz y esa protección que cada uno necesitamos”, comentó el párroco de La Cala, Fernando Luque, cuando le hizo entrega a Maruja de la capilla, recientemente cuando se retomó su ‘nuevo camino’.
Las capillas domiciliarias son parte de la religiosidad popular. “A veces, si hay enfermos o personas que no pueden venir a la Iglesia, pues es una manera de acercar la fe a la gente. Y no se sabe muy bien en qué momento empieza esta tradición pero la hay en muchos pueblos. En La Cala esta imagen, de vez en cuando, vuelve a la Iglesia, cuando necesita algún arreglo, pero son los vecinos los que están pendientes de la capilla, de que no se pierda, que continúe su viaje; y eso Maruja lo hace maravillosamente bien”.

- Un momento de la grabación de Las buena costumbres. En la foto, Micaela Fernández hablando con Maruja.
- J.I.
En el núcleo caleño hay incluso dos imágenes peregrinas, la otra es un busto del Santo Cristo de Limpias, que próximamente se va a sustituir por una Santa Teresa, cedida por el Monasterio de San José de Málaga y a petición de los propios vecinos. “Se va a adaptar la imagen y se hará una misa de bendición para que comience también su camino”, explicó el párroco. En definitiva, una costumbre que trasciende mucho más allá de lo religioso.
El programa Las buenas costumbres dedicó su último capítulo a esta tradición que pueden volver a ver en la sección ‘TV a la carta’ en mijacomunicacion.com.
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