El bulevar de La Cala se transformó desde el jueves 28 hasta el domingo 31 de mayo en el gran centro de la diversidad con la celebración del II Festival Somos Uno. El recinto albergó un total de 12 puestos representativos de diferentes naciones, conformando un gran escaparate al aire libre donde la comunidad internacional residente en nuestro municipio pudo exponer sus raíces a través de la música en vivo, los espectáculos folclóricos, la artesanía y la gastronomía.
El encuentro, respaldado de forma oficial por el Ayuntamiento, nació con la vocación de derribar barreras y crear comunidad entre los vecinos de distinta procedencia. La técnica y organizadora de la Asociación de Cubanos Unidos, Mariolis González, detalló la filosofía central del proyecto señalando que “en una de las reuniones vimos que no solamente teníamos que hacer eventos enfocados a los cubanos, sino que podíamos intentar unir ideas entre diferentes culturas y que todo el mundo entendiera nuestras raíces para integrarlas en la sociedad. Somos un pueblo que tiene muchísimos residentes de otros países y creíamos que era estupendo tener un sitio donde convivir. Es un evento lleno de color, de sabores y de gente compartiendo costumbres, concebido no solamente para bailar y comer, sino para hablar y acercar culturas en general”.
Por su parte, la concejala de Vía Pública, Melisa Ceballos (PP), valoró de forma muy positiva la alianza institucional establecida con el colectivo para hacer realidad la muestra de modo que “se pusieron en contacto con nosotros desde la asociación y, desde luego, hemos apoyado la propuesta desde el área. Al público le ha gustado mucho y hemos registrado una gran afluencia tanto por el día como por la noche. Además, ya tenemos preparadas algunas sorpresas más desde Vía Pública para este próximo verano”, pero la edil no quiso desvelar ninguna de ellas.
Un gran viaje gastronómico
Los visitantes aprovecharon el fin de semana para degustar elaboraciones culinarias originarias tanto del continente europeo como del americano. En la caseta de España, Carlos López y Sandra Sánchez defendieron la calidad del producto nacional mientras que, cruzando el Atlántico, el gerente de Viñedos Calchaquíes, Martín Fabián Ossola, aportó el inconfundible sello de Argentina: “He traído vino del norte de mi país, cultivado a 2.000 metros sobre el nivel del mar en la precordillera de los Andes.
Es un reserva Malbec con mucho cuerpo, con doce meses en barricas de roble, que resulta ideal y típico para acompañar carnes y una buena parrillada”. Y desde Colombia, la representante de la Asociación Pacto de Sal para la Tierra, Ivonne Sandoval, sumó sus especialidades al amplio menú.
Multitudinaria respuesta
La generosa oferta lúdica atrajo a un público muy heterogéneo que consolidó el formato como un claro motor dinamizador de la economía local. El buen ambiente festivo caló entre los asistentes y para muchos extranjeros, la feria supuso un nostálgico reencuentro emocional con sus raíces.
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