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Miércoles 26/01/2022
  • A la izquierda, la estatuilla más conocida de Bruselas, el Manneken Pis. A la derecha, la obra ‘El Rapto de Europa’, en una versión de la pintora Mari Pepa Estrada |

Reportajes

Eduardo Martínez reflexiona sobre la creación de Europa

  • En la segunda parte de ‘Europa, Europae: Del mito a la utopía’, el autor habla de cómo la princesa fenicia abandona el Mare Nostrum

Los Tratados de Roma se firmaron el 25 de marzo de 1957

Cuando sobrevolamos el viejo continente no podemos ‘per menos’ que considerar sus reducidas dimensiones comparada con la inmensa Asia, cuyo nombre significa salida del sol o este. El nombre de Europa, cuyo origen desconocemos y estudiaremos a continuación, podría derivar del asirio ‘ereb’, que significa ocaso, por estar situado al poniente del mundo conocido por Grecia. 50 países componen el continente europeo y solo 27 la Unión Europea, si a esto añadimos las llamadas dependencias, que son 6, y otros 6 países no reconocidos, nos encontramos que la así llamada Unión Europea no es más que una Unión “parcial” Europea. De hecho, el denominado Consejo de Europa (que no debe confundirse con el Consejo de la Unión Europea, Consejo de Ministros o Consilium), que es una organización internacional con sede en Estrasburgo, lo componen 47 estados miembros. Ya comienza nuestro continente por no tener una precisa configuración geográfica y formar parte del supercontinente eurasiático. Por causas  históricas, culturales e incluso convencionales ha llegado a diferenciarse como continente.

Paradógicamente fue un geógrafo, historiador e investigador ruso, Vasili Nikitich Tatíshchev (1686-1750), el primero en establecer las fronteras de Europa: “desde el océano Atlántico hasta los montes Urales”, pues deseaba señalar que su patria Rusia pertenecía a Europa y a Asia. No obstante, las reducidas dimensiones de nuestro continente, ofrece unas características que lo conforman como muy habitable, hecho a la medida del hombre. Fragmentos a la guía de una utopía, como titularemos nuestra publicación, sería nuestro deseo divulgar la historia de una idea, porque a pesar de su fragmentación el nombre de Europa como integración cultural de la unidad en la diversidad siempre ha sido el abstracto esqueleto de nuestro continente desde hace más de 25 siglos. Queremos, como Dante con su Comedia, que Boccaccio llamó Divina, evitar el estilo académico y de investigación. También procuraremos, ardua tarea, eludir en lo posible el enmarañado entresijo de la normativa comunitaria, el derecho de la Unión Europea más conocido como derecho comunitario que es el conjunto de normas, instituciones y principios jurídicos que determinan el funcionamiento y competencias de la Unión Europea. Es un derecho ‘sui generis’, diferente del derecho internacional y de los ordenamientos internos de los países miembros. Es el conjunto de reglas jurídicas establecidas por los tratados constitutivos o fundacionales de los sucesivos procesos de integración.

Las fuentes del derecho comunitario serían por tanto el derecho originario, comenzando por el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea o Tratados de Roma. De manera general y para evitar la inmensa telaraña de la normativa comunitaria, absolutamente inextricable, incluso para expertos profesionales del derecho, podríamos resumir diciendo que la Unión Europea se fundamenta en el Estado de Derecho. El término ‘Rechtsstaatt’, fue acuñado por Robert von Mohl, aunque muchos autores alemanes ubican el origen del concepto en la obra del filósofo Immanuel Kant. Durante medio siglo he seguido la trayectoria de este mastodóntico “reino de taifas” en que los políticos con sentido de partido, no de estado y menos de supranacionalidad, han ido desvirtuando y distorsionando progresivamente la transparente idea de la “unidad en la diversidad” (‘in varietate concordia’) de los padres fundadores de la Europa supranacional: Winston Churchill, Conrad Adenauer, Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Jean Monnet, Paul-Henry Spaak, Walter Hallstein y Altiero Spinelli, que parece ser que tenían una idea de unión, más clara y precisa que los políticos actuales, como así lo auguraba Schuman, ministro de Asuntos Exteriores francés, en su célebre declaración en el salón del reloj del Quai d’Orsey el  9 de mayo de 1950, fecha en que se conmemora el nacimiento de la Europa comunitaria, actualmente concretada en la Unión Europea. La voz del lorenés se elevó: “Europa no se hará de golpe, ni en una construcción de conjunto, se hará por realidades concretas, creando primero una solidaridad. La unión de las naciones europeas exige que el enfrentamiento secular de Francia y Alemania sea eliminada: la acción emprendida debe corresponder a Francia y a Alemania”. Así renació, hace 71 años, lo que podemos denominar la Europa de la burocracia. La princesa fenicia, 25 siglos más tarde, abandona el Mare Nostrum y se domicilia en Bruselas, y el blanco toro Zeus se metamorfosea en el Manneken Pis. ¿Cuál es el origen del nombre Europa? ¿Qué significa? Pensamos que merece filológica reflexión.

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