La llegada de agosto intensifica de forma implacable la radiación solar en nuestro litoral, lo que obliga a los usuarios de las playas a extremar las precauciones. Y es que la sociedad ha evolucionado con el tiempo y, por fortuna, quedaron muy atrás las décadas donde la única meta estival era oscurecer la piel a cualquier precio. En la actualidad, el uso de cremas de alta cobertura y la búsqueda constante de refugio se consolidan como rutinas innegociables entre vecinos y visitantes, quienes demuestran una envidiable madurez preventiva frente a las altas temperaturas.
Porque el mensaje es claro y ha calado: la sobreexposición pasa una factura irreversible tanto a nivel clínico como estético. El cambio de mentalidad es evidente en los propios hábitos cotidianos a pie de arena. Paloma Navarro, vecina asidua a las playas caleñas, ilustra a la perfección esta transición al confesar que no pisa la calle sin protección facial y sin un buen sombrero en el bolso. “De familia siempre me han incentivado a que cuanto más morena, mejor, echándonos barbaridades en el cuerpo, pero ya una se intenta cuidar más de las arrugas y las manchas”, relata, subrayando con humor que su rostro luce un tono mucho más claro que el resto de su cuerpo por el uso de esta barrera constante.
En una línea similar se expresa Roberto Cosquiere, un joven de tez clara y pecas que ha integrado la crema solar, las gafas y la gorra en todas sus rutinas al aire libre, desde la pesca hasta la petanca. Su concienciación nace de la experiencia médica directa en su propio hogar ya que su padre ha tenido que “hacerse varios tratamientos para quitarse manchas a raíz de que antiguamente nadie tomaba precauciones”. Hoy, Roberto no escatima y reaplica su crema cada vez que sale del agua.
Frente a la desinformación, sombra y sentido común
La fotoprotección choca con las peligrosas corrientes negacionistas que afloran en las redes sociales. Javier Castellanos, un veraneante del norte de España fiel a la costa mijeña desde hace años, rechaza de plano estas actitudes y alude a los malos consejos de ciertas figuras públicas. “Hacemos todo lo contrario de lo que dice Marcos Llorente, que dice que no hay que ponerse protección; nosotros, protección 50 a tope, nos echamos bien cada día y nos lo tomamos muy en serio”, sentencia con rotundidad.

- El uvilisco muestra el peligro del sol
- | M.C.
Para otros usuarios, como el vecino Salvador Trujillo, bajar a la playa es sinónimo exclusivo de descanso a la sombra. Mientras se asegura de que sus dos hijas juegan bien protegidas con crema del 50, él opta por el refugio de una gran carpa que comparte con varias familias amigas. “Yo estoy casi todo el día a la sombra debajo de la sombrilla, que ya con el sol que me da en la obra está bien”, bromea.
También el jiennense Jesús Alcalá, natural de Cazorla, se suma a la regla de oro de combinar un buen gorro y la crema de máxima graduación, escarmentado por problemas cutáneos previos en su círculo íntimo.
Un litoral 'soludable'
Para combatir cualquier rastro de esa desinformación y potenciar la prevención, nuestro Ayuntamiento ha desplegado iniciativas como la reciente instalación de un 'uvilisco' en la playa de El Bombo. Este ingenioso mecanismo, ideado por el profesor de la Universidad de Málaga Pepe Aguilera, funciona como un reloj de sol tradicional pero con un objetivo puramente sanitario: alertar sobre el índice de radiación ultravioleta a través de la longitud de la sombra que proyecta. Cuanto más corta es la silueta dibujada en la arena, mayor es el peligro de sufrir quemaduras y daños oculares. Durante su presentación, sus responsables destacaron que esta herramienta busca crear una sólida conciencia ciudadana sobre los riesgos reales de una exposición descontrolada.

- El uvilisco muestra el peligro del sol
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Este medidor se enmarca dentro del proyecto autonómico Soludable, impulsado por el Hospital Universitario Costa del Sol, una mención que avala a nuestro litoral como un entorno pionero, seguro y comprometido activamente con la prevención del cáncer de piel. Porque, bajo la luz inagotable del Mediterráneo, debemos ser precavidos, no solo para disfrutar del presente, sino también para cuidar de nuestra salud en los veranos que aún están por llegar.
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