Las tablas del Auditorio Municipal Miguel González Berral albergaron el sábado 13 una cita ineludible en el calendario cultural mijeño. El festival de baile de fin de curso de las clases impartidas por Remedio Fernández en la UP trascendió la mera exhibición para erigirse como un tributo masivo a los 35 años de trayectoria de esta profesora. Un hito forjado a base de disciplina, compás y una profunda vocación formativa que ha atrapado a múltiples generaciones.
La noche reunió a más de cien intérpretes distribuidos en nueve agrupaciones intergeneracionales. Bajo el amparo de un graderío abarrotado, el espectáculo desplegó 27 coreografías que transitaron desde las raíces más puras hasta propuestas de corte contemporáneo.
La filosofía docente de esta profesora va más allá de la mecánica del movimiento para adentrarse en la identidad. “Todos estos grupos se componen de niñas, de jóvenes, de adultas y mayores, y eso es lo bonito que nos une, porque el flamenco no tiene edad”, reflexionó Fernández instantes antes de que el telón imaginario se alzara. Consciente del peso de su legado y del fervor popular, la coreógrafa asume su responsabilidad con estoicismo señalando que “el pueblo me apoya muchísimo y me quiere, y la verdad que eso me da fuerza. Mi objetivo no es solo enseñar una técnica, es transmitir lo que es el flamenco, los valores y la confianza”.
El resultado sobre el escenario es el eco de una preparación estricta, pero también de una vocación que exige la excelencia. Las propias alumnas reconocen el rigor de la maestra como un catalizador de su talento. Anaís Moreno, integrante del grupo Lerele, desveló la exigencia del proceso afirmando que “llevamos preparándonos desde septiembre y esta última semana ha sido un poco dura; el otro día estuvimos aquí desde las cinco hasta las ocho de la tarde ensayando”.
La disciplina detrás del telón
El volumen de trabajo de esta edición ha requerido un gran compromiso por parte del alumnado. Zara Madueño, del grupo Arcoíris, confirmó la intensidad de la temporada tras asumir hasta siete bailes distintos en el repertorio. Madueño confirmó que “ha sido muy duro. Ensayábamos una hora a la semana, pero conforme se acercaba el festival, pasamos a hora y media o dos horas”. Otras alumnas como Aroa Ortiz, que ejecutaron piezas como 'Morenito y andaluz' o 'Agua flamenca' destacaron que, además, hay otras enseñanzas ya que “Reme nos enseña que tenemos que respetarnos entre todos”.
Un compromiso que, para Valeria Río, del grupo Lerele, el baile es una herencia y un refugio: “Mi madre bailaba flamenco de chica. Y a mí me transmite mucha pasión y mucha felicidad. Cuando voy a bailar y a ensayar, me relajo y desconecto de los estudios”.
En una línea similar, la alumna de 13 años Ana Mérida, vinculada al baile desde los tres, resumió con un “la queremos mucho”, el sentimiento que Reme despierta en todas sus alumnas.
La propia Reme se confesó “supercontenta” con la respuesta del municipio, resumiendo su último consejo entre bambalinas a una premisa vital: “Que lo disfruten y que bailen con el corazón”.
Apoyo y fin de fiesta
Concejales del equipo de gobierno y del Grupo Municipal Socialista asistieron al evento. La edil popular Mari Francis Alarcón subrayó el valor de la cita porque “para las chicas es muy importante el fin de curso, porque al final es cuando enseñan todo lo que han aprendido durante el año a sus familiares”.
El espectáculo alcanzó su clímax con el elenco casi al completo sobre el escenario para la actuación de cierre. Remedios Fernández se integró en la coreografía final antes de un emotivo intercambio de obsequios con sus alumnas.
Así, 35 años de magisterio se resumen en el vuelo de un mantón y en el eco de un taconeo que se resiste a enmudecer. Porque cuando las luces del auditorio se apagan, lo que perdura es el alma de un pueblo que sigue latiendo a compás. Un compás que es herencia de Reme, y que siempre bailará, inmune al paso del tiempo, en la memoria de los mijeños.
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