Esta semana hemos conocido a Cristian Viruel, el único mijeño y de los pocos andaluces que, a sus 48 años, ha conseguido finalizar una de las carreras más duras del mundo, el Maratón de Las Arenas, en el Sahara (Marruecos), que este año cumplía su 40 edición. Aún se recupera de las heridas en los pies tras recorrer 270 kilómetros por el desierto en seis etapas. La aventura conecta por las dunas Ouarzazate y Merzog, con etapas de 35, 30, 100, el gran filtro, 42 y 30 kilómetros, de ahí que muchos consideren esta carrera como la más dura del mundo.
Christian, más conocido como ‘Muralla’ por el local de crossfit que dirige en Las Lagunas, tenía en mente realizar esta prueba desde hace más de 20 años. Incluida en los míticos Maratones Des Sables, este se desarrolla en el Sahara, bajo el modelo de autosuficiencia, “es decir, llevas una mochila de unos 10 kilos con toda la comida para la prueba, la organización solo te da una garrafa de agua por día y eso condiciona la comida y el aseo, porque tienes que tenerlo todo muy medido, asegurar la hidratación y poco más”, explica el corredor, añadiendo que “en este tipo de situaciones es cuando verdaderamente valoras la importancia de una cama, una ducha y el puchero de la familia”.

- El recorrido sobre arena y piedras endurece aún más esta prueba.
- C.M.
Este año, dice Cristian, se dieron todos los factores de tiempo, económicos y familiares para conseguir cumplir su sueño, para el que ha estado preparándose ocho meses, “entrenando tres sesiones de crossfit semanales intercaladas con sesiones de carrera, utilizando también la mochila cada vez que corría y cambiando el peso, dependiendo también de la distancia”. En cuanto a la alimentación, “durante semanas fui probando los alimentos que iba a comer allí y los que podían entrar en la mochila, una preparación un poquito extensa pero contento con el resultado”.
Acostumbrado a participar en otras pruebas de larga distancia, esta de Marruecos en arena “es otra historia”, asegura, “empezando por los dos primeros días, donde notas que la mochila pesa más, y a partir de ahí los pies, que es verdad que físicamente me encontraba muy bien, pero tenía los pies machacados de ampollas y era muy complicado correr”.
Pero finalmente, tras mucho desgaste físico y mental, temperaturas elevadas y hasta tormentas de arena, pero eso sí, con el apoyo que iba recibiendo puntualmente de su gente, Cristian consiguió llegar a la meta, con una mochila ya vacía de comida pero llena de momentos inolvidables, “y me llevo muchas sensaciones, especialmente con los compañeros de mi jaima, y hemos visto lugares preciosos e impresionantes, es indescriptible ver un amanecer en lo alto de una duna en el Sáhara”.

- Cristian luciendo orgulloso las distinciones que acreditan su reto personal.
- I. PÉREZ
De los 1500 corredores participantes, este mijeño acabó en la posición 450 y el número 47 de su categoría, además, sin lesiones físicas. Todo un ejemplo de superación para muchos, “yo se lo digo a mi gente y a todo el que viene a nuestro crossfit, “que si alguien tiene algún reto, que se preparen bien y que lo hagan con muchas ganas, que la vida es muy cortita, hay que disfrutarla y los sueños hay que cumplirlos”.
A partir de ahora, el protagonista de este maratón quiere recuperarse de las heridas en los pies porque “en tres semanas quiero volver a la 101 de La Legión, el verano será para descansar y ya tenemos algo en mente para después del verano”.
Habrá que ir reformulando un gazpacho liofilizado para seguir disfrutando de estas etapas de lo imposible, de los ratos de motivación con el más animado de la haima (Cristian), y de esos momentos en los que te das cuenta que el agua es vida.
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